La ventana ya no está abierta

Hoy siento que voy regando

pedazos de mí,

no te encuentro

por ningún lado,

mi regazo empolvado,

no veo la luz

ni en las grietas,

tengo sed

quiero beberte

para curarme,

cada día sin ti

sabe a derrota,

de mis lágrimas

brota la sangre

que me ahoga,

no soporto esta oscuridad.

Y despierto añorando

que esto sea un sueño

pero mi pecho se oprime

ante el vacío de ti,

de todo lo que dejaste.

Tu ausencia duele

como ese agujero infinito

que soñábamos cuando éramos niños.

No,

no estás

la vida no para

y yo me estoy asfixiando

en este mar

que no deja de mirarte.

Te extraño y no sé cómo decírtelo.

Te extraño
y no sé cómo decírtelo.

Estoy amputada,
la otra mitad
que recubre
el resto
de mi cuerpo
está adormecida,
melancólica,
seca.

Cruzo
el laberinto
enmohecido
de mi mente,
mientras juego
a ser agua salada
bajo tu lengua,
se me acaban
los argumentos.

Te extraño
y no sé cómo decírtelo.

Tu recuerdo
me golpea,
estoy extinta
agrietada,
perforada,
se comprimen
mis órganos
en cada respiro.

Lo pienso,
Lo siento
y me lamento,
tengo rocas muy pesadas
clavadas en todo mi cuerpo
y me marchito
los segundos
que no estás.

Lloro en silencio,
estoy gritando
que vuelvas,
y dejar libre
al tiempo
para ser libres
nosotras,
rózame
sin vacilaciones,
hasta hacerte una
en mí,
espárcete
como arena
y calma
este dolor,
estoy áspera.

Te extraño
y no pretendo convencerte
de ello,
si pudieras mirarme
ya lo sabrías.

No esperaba que llegaras tan pronto


Ese día

todo brillaba,

tu cabello,

tus labios,

y tus manos,

eras ese lugar

donde cabíamos

por completo,

el tiempo

pasaba lento

y el mundo entero

dejaba de ser una barrera.

No solo brillabas,

llegabas

y yo volaba,

cuando mi nombre

revoloteaba en tu boca,

las sensaciones

se multiplicaban

y me sentía capaz

de todo.

Siempre era verano

en tu sonrisa,

y yo quería ser el invierno

donde se refugiara

tu aliento,

y no fue,

no es

y no será.

El dolor me mata

todos los segundos

que no estás,

que no te veo,

me estoy cansando

de ver la lluvia

en mi ventana

y no saber dónde estás,

quiero reconocerme

y reconocerte

en este suplicio

que cargo

todos los días

cuando abro mis ojos,

pero no estoy segura

de querer aún,

dejar de mirarte.

Quiero que sepas

que me estoy muriendo

por tenerte,

que mirar el cielo

ha dejado de ser

mi escondite secreto

para pensarte,

que intento atarme

las manos

para no tocarte

cuando estás cerca.

No te amo

porque no te tengo,

pero arrancaría

una parte de mí

para dártela,

y dejar de sentir

cómo es que ardes.

No


No,

la cama tampoco

ya no es la misma

sin tus caricias

sobre la almohada

antes de dormir.

No,

la almohada tampoco

ya no es la misma

sin tu cabeza hundida

atestada de sueños

que recorremos juntas

cada noche.

No,

la cocina tampoco

ya no es la misma

sin tus manos

que dedican

tiempo

para amarme

en el desayuno.

No,

esta casa tampoco

ya no es la misma

sin ti,

necesito tus rincones

cuanto antes,

porque no,

yo tampoco

ya no soy la misma

si me falta tu boca

para respirar

esta vida.