Daños colaterales

Daños colaterales

Los agujeros de la mente

esparcen sus cenizas

como manchas imborrables

de ira,

de rencor,

de vacíos que difícilmente se llenarán,

de sentimientos corrosivos

que no solo queman la piel

sino que la desaparecen

y duermen en paz

junto a la conciencia

que dicen tener tranquila,

el desapego del acto

es un cáncer

en el cuerpo

incurable y doloroso,

que gotea constantemente

ante nosotros,

y estamos aún sentados

esperando pasar.

Almas perdidas

que tienen sed

y siguen sin buscar agua,

que tienen hambre

y siguen sin buscar alimento.

Almas perdidas

ausentes,

caminando sin una dirección.

Almas perdidas

que entran sin permiso,

que encuentran a la alevosía

como aliada

de la venganza;

rasca por debajo de tus sábanas

y busca el amor propio,

porque dañando a otros

solo nos dañamos a nosotros mismos.

Valentina y el arte lo simple

Valentina y el arte lo simple

Ella hablaba sola. Todo el tiempo, a cualquier hora. Usaba jeans demasiado rotos y sus tenis ya no eran blancos. Ahora, apenas se distinguía el color. A su cabello desaliñado poco le importaba el clima. Ella era así, libre como el viento, su risa se leía a miles de kilómetros y quienes la conocían, sabían cuando ella estaba cerca. 

Valentina estudiaba arte. Desde niña tenía clara su vocación. Pintaba cuanto podía, especialmente las paredes de la casa. Su madre enloquecía un poco todos los días cuando la descubría pintando, una y otra vez. Por su parte, Valentina también enloquecía al verse obligada por mamá a limpiar todo el desastre a causa de su afición artística. 

Tenía nueve años cuando todo sucedió. Regresaba del colegio, notó una extrañeza al entrar a casa. Todo estaba en profundo silencio. Descubrió quesus padres habían dejado una nota sobre la mesa del comedor.

Valentina: Llevamos a Blak al veterinario, no sabemos qué ha pasado con él. Pensamos que dormía. Dejamos comida para ti. Regresamos pronto, recuerda hacer la tarea.  Te amamos.

Después de leer la nota, Valentina notó un evidente temblor en sus manos y su pulso se había acelerado. Tenía miedo de que algo malo hubiese ocurrido con Blak. Decidió tomar el teléfono para hablar con sus padres. Timbró tres veces y nadie respondió. Timbró una vez más, era su padre. 

Hola Valentina, ¿has visto nuestra nota?

-Dime que todo marcha bien con Blak

Silencio. 

Valentina, el veterinario no pudo hacer nada. Blak, ahora nos cuida. 

-Silencio.

¿Valentina?

No tenía voz para responderle a su padre. Y colgó. Valentina lloraba a mares. Había nostalgia y un dolor tan profundo que se clavaba en su pecho, fuertemente. En su cabeza solo existía Blak. No paraba de llorar pues no comprendía por qué a veces suceden cosas que nos duelen. Blak era un perro relativamente joven y nunca se paraba en la veterinaria mas que para sus visitas habituales. Valentina sentía un profundo vacío. Y ocurrió.  

Sintió una descomunal necesidad de expresar todo esos sentimientos como mejor sabía hacerlo: pintando paredes. Se olvidó de la comida, Valentina solo sentía. Sin pensarlo más. Subió a su habitación, tomó todos y cada uno de los pinceles que guardaba con amor en algún cajón, cogió las pinturas y todo lo colocó sobre una bolsa de tela desgastada. Había dejado de llorar pero el nudo en la garganta la lastimaba. 

Eligió esa pared, donde la planta baja se juntaba con el primer piso de la casa. Ese era el lugar de siempre, de todos los días, el favorito de Valentina. El lugar que había limpiado durante casi cinco años, sin embargo, esta vez era distinto; Valentina no estaría dispuesta a limpiar, pintaría en honor a Blak, aunque tuviera que soportar el disgusto de su madre. Estaba dispuesta a soportarlo todo. 

Tomó el móvil, hizo unos cuantos movimientos con los dedos y Claire de lune invadió todas las habitaciones de la casa. Se percibía un dolor incomparable. Valentina estaba desolada. Junto a la música de Debussy, Blak reposaba en su pecho adolorido. La paleta de colores y los pinceles brillaban, estaba todo listo. Antes de comenzar, Valentina cerró los ojos y una lágrima logró escapar de sí misma. Se hacía tarde.

Las notas del piano guiaban uno a uno los movimientos de Valentina. Ya nada sería igual. Ni la música, ni las pinceladas sobre la pared. Pintó al centro una línea horizontal de un rojo vivo, como si dentro de ella tuviera ese mismo color escurriendo por todos lados, el dolor latía fuerte; ella no hacía más que pintar todas esas formas improvisadas llenas de colores vivos y radiantes; la resaca que había dejado la muerte de Blak, no era para menos. La pintura goteaba sobre sus pies, Valentina tenía un puntillismo multicolor envidiable sobre su rostro, el espacio blanco de la pared cada vez se reducía más. Movía las manos tan naturalmente que los pinceles parecían estar pegados a sus manos, parecían salirle notas musicales de las yemas de los dedos, cada pincelada era una nota musical clavada sobre la pared . Nada más cabía en ese momento. Black estaba ahí, en todos esos colores y formas. En menos de una hora, Valentina habría pintado una extraordinaria obra de arte en la casa de sus padres. Mad Rush, retumbaba intensamente en cada rincón. El dolor no cesaba. 

Valentina estaba tan ensimismada que no se percató cuando sus padres llegaron. La observaban desde lejos, incrédulos, desconcertados pues de todas las veces que su madre la había descubierto pintando esa misma pared, no recordaba haberla visto como aquel día. Valentina tenía un semblante atípico, tenía la mirada perdida, estaba pálida y las heridas se le notaban a simple vista. Su alma  destrozada se refugiaba en los trazos de sus manos. Sus padres comprendieron todo. Era tanto su dolor por Blak que Valentina misma no creía lo que pintaría aquella vez. 

Aún no termino con esta historia. Pero me estoy enganchando.

Luisa Sanz.

No esperaba que llegaras tan pronto

No esperaba que llegaras tan pronto

Ese día

todo brillaba,

tu cabello,

tus labios,

y tus manos,

eras ese lugar

donde cabíamos

por completo,

el tiempo

pasaba lento

y el mundo entero

dejaba de ser una barrera.

No solo brillabas,

llegabas

y yo volaba,

cuando mi nombre

revoloteaba en tu boca,

las sensaciones

se multiplicaban

y me sentía capaz

de todo.

Siempre era verano

en tu sonrisa,

y yo quería ser el invierno

donde se refugiara

tu aliento,

y no fue,

no es

y no será.

El dolor me mata

todos los segundos

que no estás,

que no te veo,

me estoy cansando

de ver la lluvia

en mi ventana

y no saber dónde estás,

quiero reconocerme

y reconocerte

en este suplicio

que cargo

todos los días

cuando abro mis ojos,

pero no estoy segura

de querer aún,

dejar de mirarte.

Quiero que sepas

que me estoy muriendo

por tenerte,

que mirar el cielo

ha dejado de ser

mi escondite secreto

para pensarte,

que intento atarme

las manos

para no tocarte

cuando estás cerca.

No te amo

porque no te tengo,

pero arrancaría

una parte de mí

para dártela,

y dejar de sentir

cómo es que ardes.

Dolor Volumen I

Dolor Volumen I

El dolor punzante

de querer desaparecer,

mi cabeza sigue dando vueltas.

Estoy mareada, de tanto.

Una fotografía instantánea

retratando ese momento inevitable.

Vivimos distinto,

pero todos estamos unidos

por ese mismo dolor

que arde,

que gotea,

que es putrefacción,

que es insomnio,

que se clava,

que te retiene,

que apesta,

que es un grito desesperado

para ser libre.

No

No

No,

la cama tampoco

ya no es la misma

sin tus caricias

sobre la almohada

antes de dormir.

No,

la almohada tampoco

ya no es la misma

sin tu cabeza hundida

atestada de sueños

que recorremos juntas

cada noche.

No,

la cocina tampoco

ya no es la misma

sin tus manos

que dedican

tiempo

para amarme

en el desayuno.

No,

esta casa tampoco

ya no es la misma

sin ti,

necesito tus rincones

cuanto antes,

porque no,

yo tampoco

ya no soy la misma

si me falta tu boca

para respirar

esta vida.

Noche olor azufre

Noche olor azufre

Hay un hueco en mí

que llora,

que se desvanece

cuando recuerda

el momento frágil

de aquella madrugada

en que el reloj

marcaba las 4:00 a.m.,

y el humo de su cigarro

se metía por mi boca,

era una noche

como no sería ninguna,

sus palabras

se encajaron en mí

como cien cuchillos

al mismo tiempo,

sus manos oraban

para que fuese

solo un mal sueño,

sin saber que era

la puta realidad;

quisiera apagarme

y dejar de sentir esto

como si hubiera sido

ayer.

No soporto

mirar esta cicatriz

y no sé cómo

soltarla.