Daños colaterales

Daños colaterales

Los agujeros de la mente

esparcen sus cenizas

como manchas imborrables

de ira,

de rencor,

de vacíos que difícilmente se llenarán,

de sentimientos corrosivos

que no solo queman la piel

sino que la desaparecen

y duermen en paz

junto a la conciencia

que dicen tener tranquila,

el desapego del acto

es un cáncer

en el cuerpo

incurable y doloroso,

que gotea constantemente

ante nosotros,

y estamos aún sentados

esperando pasar.

Almas perdidas

que tienen sed

y siguen sin buscar agua,

que tienen hambre

y siguen sin buscar alimento.

Almas perdidas

ausentes,

caminando sin una dirección.

Almas perdidas

que entran sin permiso,

que encuentran a la alevosía

como aliada

de la venganza;

rasca por debajo de tus sábanas

y busca el amor propio,

porque dañando a otros

solo nos dañamos a nosotros mismos.

Seguimos asustados

Seguimos asustados

La vida nos asusta,

porque evitamos

lo que es diferente;

la vida nos asusta

porque no nos arriesgamos;

la vida nos asusta

porque la muerte

nos pesa más

que el presente;

la vida nos asusta

porque creemos merecer

más que los demás;

la vida nos asusta

porque destruimos

el lugar que habitamos;

la vida nos asusta,

nos seguirá asustando

hasta que asumamos

que no estamos aquí

para sufrir,

venimos a ver de frente

el túnel de lo efímero.

La vida

no nos asusta,

lo que nos asusta es vivir

y tememos sentirnos amados.

No esperaba que llegaras tan pronto

No esperaba que llegaras tan pronto

Ese día

todo brillaba,

tu cabello,

tus labios,

y tus manos,

eras ese lugar

donde cabíamos

por completo,

el tiempo

pasaba lento

y el mundo entero

dejaba de ser una barrera.

No solo brillabas,

llegabas

y yo volaba,

cuando mi nombre

revoloteaba en tu boca,

las sensaciones

se multiplicaban

y me sentía capaz

de todo.

Siempre era verano

en tu sonrisa,

y yo quería ser el invierno

donde se refugiara

tu aliento,

y no fue,

no es

y no será.

El dolor me mata

todos los segundos

que no estás,

que no te veo,

me estoy cansando

de ver la lluvia

en mi ventana

y no saber dónde estás,

quiero reconocerme

y reconocerte

en este suplicio

que cargo

todos los días

cuando abro mis ojos,

pero no estoy segura

de querer aún,

dejar de mirarte.

Quiero que sepas

que me estoy muriendo

por tenerte,

que mirar el cielo

ha dejado de ser

mi escondite secreto

para pensarte,

que intento atarme

las manos

para no tocarte

cuando estás cerca.

No te amo

porque no te tengo,

pero arrancaría

una parte de mí

para dártela,

y dejar de sentir

cómo es que ardes.

Dolor Volumen I

Dolor Volumen I

El dolor punzante

de querer desaparecer,

mi cabeza sigue dando vueltas.

Estoy mareada, de tanto.

Una fotografía instantánea

retratando ese momento inevitable.

Vivimos distinto,

pero todos estamos unidos

por ese mismo dolor

que arde,

que gotea,

que es putrefacción,

que es insomnio,

que se clava,

que te retiene,

que apesta,

que es un grito desesperado

para ser libre.

Ese miedo

Ese miedo

Una puerta falsa,

esa sonrisa tensa

que aparenta,

hilos enmarañados

que duelen

por todas partes.

Ese mismo laberinto

que me persigue,

no puedo huir;

suéltame.

Me miro extraña

frente al espejo,

mis lágrimas delatan

el miedo.

Déjame escapar.

Noche olor azufre

Noche olor azufre

Hay un hueco en mí

que llora,

que se desvanece

cuando recuerda

el momento frágil

de aquella madrugada

en que el reloj

marcaba las 4:00 a.m.,

y el humo de su cigarro

se metía por mi boca,

era una noche

como no sería ninguna,

sus palabras

se encajaron en mí

como cien cuchillos

al mismo tiempo,

sus manos oraban

para que fuese

solo un mal sueño,

sin saber que era

la puta realidad;

quisiera apagarme

y dejar de sentir esto

como si hubiera sido

ayer.

No soporto

mirar esta cicatriz

y no sé cómo

soltarla.

Elisa y Marcela

Elisa y Marcela

Esa espalda llena de lunares

y sus dedos resbalando

intentando hacer números

donde sólo se podían crear constelaciones;

esas bocas que ya no sólo se contenían

si no que multiplicaban alrededor suyo,

la saliva provocada por el ansia

de lamerse,

como consecuencia del amor;

en aquella alcoba

se podía respirar mucho más

que un blanco y negro,

los vestidos se desprendían

de sus cuerpos

sin necesidad de nombrarse

a través de las palabras,

tan sólo había que alimentarse

del ávido consuelo

de sus labios tibios,

de sus labios fértiles.

Ellas,

se complacían con el aire

que viajaba por sus rostros,

llenas de libertad

y una fe,

que podía sostenerse

aún con la fuerza del viento

en contra suya.

Una historia que se ha impregnado

en la manta de nuestros domingos

y en el café de las mañanas,

que nos ha invadido el delirio

y hemos terminado enredadas

bajo las sábanas blancas,

asediadas por flores y libros,

contemplando el silencio

y venerando al amor.