La luz que nunca quiero apagar

Le temía
a mis propias sombras
pero tú las apartabas,
y me sentía a salvo.

Me alejé
de mis miedos
pero tú me decías
que enfrentarlos
era la única forma
de asegurarnos
que no regresarían,
y me sentía a salvo.

Recuerdo
todas las veces
que besaste mi frente,
que lloraste de preocupación,
que cocinaste para mí
y fueron las mismas veces
que me sentí a salvo.

Hoy,
me toca cuidarte
para confesarte
que el amor
que me diste
con actos tan simples
siempre me salvó.

Solo tú podías
hacer que la realidad
no doliera tanto
si estabas ahí
para sanarnos
con un abrazo.

Mamá,
eres la luz
que nunca
quiero apagar.

La ventana ya no está abierta

Hoy siento que voy regando

pedazos de mí,

no te encuentro

por ningún lado,

mi regazo empolvado,

no veo la luz

ni en las grietas,

tengo sed

quiero beberte

para curarme,

cada día sin ti

sabe a derrota,

de mis lágrimas

brota la sangre

que me ahoga,

no soporto esta oscuridad.

Y despierto añorando

que esto sea un sueño

pero mi pecho se oprime

ante el vacío de ti,

de todo lo que dejaste.

Tu ausencia duele

como ese agujero infinito

que soñábamos cuando éramos niños.

No,

no estás

la vida no para

y yo me estoy asfixiando

en este mar

que no deja de mirarte.

Corporalidad

Cuerpo a cuerpo,
pupila a pupila,
es un baile entre dos
convertido en un velero
a distancia,
las sábanas sobran,
te conmueves,
te elevas,
te penetra los poros
y esparces una luz
con habitación propia,
una luz
que te hace desear
más
más
más,
te destruye,
te desmorona,
te quema,
eres libre,
la saliva
se multiplica,
los cuerpos
acorralados
queriendo
deshacer y rehacer
todo,
como si el tiempo
se estuviese
agotando.

Amas con los codos,
con la sienes,
con los talones,
escapas de tu fuerza,
con ganas
de que
los límites
dejasen de existir.

Esperanza

Pronto las ventanas se abrirán de par en par. Las puertas no estarán cerradas más. Los niños saldrán a jugar. Volveremos a reír con nuestros amigos. Yo te amaré por las noches. El mar hará lo suyo y lo dejaremos renacer. Andaremos y saciaremos nuestras ganas de vivir el presente, como hace mucho no lo hacíamos. Daremos abrazos más largos. Y los besos, serán distintos. Donaremos libros. Los hospitales volverán a la normalidad. Nuestras calles, también. Dormir no volverá a sentirse ni a pronunciarse de la misma manera. Esta vez, haremos mejor las cosas. Pensaremos mejor, actuaremos mejor. El viento ha soplado muy fuerte pero estaremos bien.

El cielo del anochecer

Tú me llevas
a lugares
que creía conocer,
atravesamos túneles
llenos de luz,
las formas de expresión
las cuelgo
por todas partes
porque ya no me alcanzan,
en mis sueños
cruzamos lagos,
ríos y bosques,
en las noches
el cielo
repleto de estrellas
nos recuerda
la fugacidad.
Tú me tomas
por el cuello,
llevas tu boca
a mi frente
y me das un beso;
ya me has dicho todo.

13 de abril de 2020

Ahora mismo,

estoy odiando la vida,

te necesito

desesperedamente,

inexorablemente.

El aire descompuesto

se mete en mi piel

y enferma todo.

Lo que veo

está en blanco y negro,

esas historias de la televisión

no existen

porque no puedo contártelas,

la radio suena

pero no la escucho,

abrir los ojos

se ha convertido

en un acto autocompasivo.

Estoy seca,

insípida,

putrefacta,

en estado sólido,

soy el malestar

que produce

la sed,

me consumo

junto al tiempo

que paso sin ti.

Dime

cómo se siente la muerte.