Seguimos asustados

Seguimos asustados

La vida nos asusta,

porque evitamos

lo que es diferente;

la vida nos asusta

porque no nos arriesgamos;

la vida nos asusta

porque la muerte

nos pesa más

que el presente;

la vida nos asusta

porque creemos merecer

más que los demás;

la vida nos asusta

porque destruimos

el lugar que habitamos;

la vida nos asusta,

nos seguirá asustando

hasta que asumamos

que no estamos aquí

para sufrir,

venimos a ver de frente

el túnel de lo efímero.

La vida

no nos asusta,

lo que nos asusta es vivir

y tememos sentirnos amados.

Valentina y el arte lo simple

Valentina y el arte lo simple

Ella hablaba sola. Todo el tiempo, a cualquier hora. Usaba jeans demasiado rotos y sus tenis ya no eran blancos. Ahora, apenas se distinguía el color. A su cabello desaliñado poco le importaba el clima. Ella era así, libre como el viento, su risa se leía a miles de kilómetros y quienes la conocían, sabían cuando ella estaba cerca. 

Valentina estudiaba arte. Desde niña tenía clara su vocación. Pintaba cuanto podía, especialmente las paredes de la casa. Su madre enloquecía un poco todos los días cuando la descubría pintando, una y otra vez. Por su parte, Valentina también enloquecía al verse obligada por mamá a limpiar todo el desastre a causa de su afición artística. 

Tenía nueve años cuando todo sucedió. Regresaba del colegio, notó una extrañeza al entrar a casa. Todo estaba en profundo silencio. Descubrió quesus padres habían dejado una nota sobre la mesa del comedor.

Valentina: Llevamos a Blak al veterinario, no sabemos qué ha pasado con él. Pensamos que dormía. Dejamos comida para ti. Regresamos pronto, recuerda hacer la tarea.  Te amamos.

Después de leer la nota, Valentina notó un evidente temblor en sus manos y su pulso se había acelerado. Tenía miedo de que algo malo hubiese ocurrido con Blak. Decidió tomar el teléfono para hablar con sus padres. Timbró tres veces y nadie respondió. Timbró una vez más, era su padre. 

Hola Valentina, ¿has visto nuestra nota?

-Dime que todo marcha bien con Blak

Silencio. 

Valentina, el veterinario no pudo hacer nada. Blak, ahora nos cuida. 

-Silencio.

¿Valentina?

No tenía voz para responderle a su padre. Y colgó. Valentina lloraba a mares. Había nostalgia y un dolor tan profundo que se clavaba en su pecho, fuertemente. En su cabeza solo existía Blak. No paraba de llorar pues no comprendía por qué a veces suceden cosas que nos duelen. Blak era un perro relativamente joven y nunca se paraba en la veterinaria mas que para sus visitas habituales. Valentina sentía un profundo vacío. Y ocurrió.  

Sintió una descomunal necesidad de expresar todo esos sentimientos como mejor sabía hacerlo: pintando paredes. Se olvidó de la comida, Valentina solo sentía. Sin pensarlo más. Subió a su habitación, tomó todos y cada uno de los pinceles que guardaba con amor en algún cajón, cogió las pinturas y todo lo colocó sobre una bolsa de tela desgastada. Había dejado de llorar pero el nudo en la garganta la lastimaba. 

Eligió esa pared, donde la planta baja se juntaba con el primer piso de la casa. Ese era el lugar de siempre, de todos los días, el favorito de Valentina. El lugar que había limpiado durante casi cinco años, sin embargo, esta vez era distinto; Valentina no estaría dispuesta a limpiar, pintaría en honor a Blak, aunque tuviera que soportar el disgusto de su madre. Estaba dispuesta a soportarlo todo. 

Tomó el móvil, hizo unos cuantos movimientos con los dedos y Claire de lune invadió todas las habitaciones de la casa. Se percibía un dolor incomparable. Valentina estaba desolada. Junto a la música de Debussy, Blak reposaba en su pecho adolorido. La paleta de colores y los pinceles brillaban, estaba todo listo. Antes de comenzar, Valentina cerró los ojos y una lágrima logró escapar de sí misma. Se hacía tarde.

Las notas del piano guiaban uno a uno los movimientos de Valentina. Ya nada sería igual. Ni la música, ni las pinceladas sobre la pared. Pintó al centro una línea horizontal de un rojo vivo, como si dentro de ella tuviera ese mismo color escurriendo por todos lados, el dolor latía fuerte; ella no hacía más que pintar todas esas formas improvisadas llenas de colores vivos y radiantes; la resaca que había dejado la muerte de Blak, no era para menos. La pintura goteaba sobre sus pies, Valentina tenía un puntillismo multicolor envidiable sobre su rostro, el espacio blanco de la pared cada vez se reducía más. Movía las manos tan naturalmente que los pinceles parecían estar pegados a sus manos, parecían salirle notas musicales de las yemas de los dedos, cada pincelada era una nota musical clavada sobre la pared . Nada más cabía en ese momento. Black estaba ahí, en todos esos colores y formas. En menos de una hora, Valentina habría pintado una extraordinaria obra de arte en la casa de sus padres. Mad Rush, retumbaba intensamente en cada rincón. El dolor no cesaba. 

Valentina estaba tan ensimismada que no se percató cuando sus padres llegaron. La observaban desde lejos, incrédulos, desconcertados pues de todas las veces que su madre la había descubierto pintando esa misma pared, no recordaba haberla visto como aquel día. Valentina tenía un semblante atípico, tenía la mirada perdida, estaba pálida y las heridas se le notaban a simple vista. Su alma  destrozada se refugiaba en los trazos de sus manos. Sus padres comprendieron todo. Era tanto su dolor por Blak que Valentina misma no creía lo que pintaría aquella vez. 

Aún no termino con esta historia. Pero me estoy enganchando.

Luisa Sanz.

Días de lluvia

Días de lluvia

Los días nublados me hacen imaginarme en una cabaña lejos de la ciudad, donde en cada esquina quepan muchos libros, donde pueda andar descalza sin tener que preocuparme por mis pies, donde haya café, con olor a ti, a mí, a nosotras. De donde no quiera salir y sentarme a escribir todo el día y tener tu mirada, tu abrazo, tu silencio y tu risa. Creo que por eso me gustan los días como hoy.

Letras

Letras

La lluvia

me recuerda

que no estoy sola,

el té de hierbabuena

se derrama sobre la taza,

ella está en mi pensamiento,

el ruido de los autos

sobre el pavimento mojado,

el reloj marcando

las diecisiete con cincuenta y cinco,

el abrigo blanco

que me entibia.

La literatura es

como la lluvia.

De aquella vez que descubrí a la poesía asomada por mi ventana

De aquella vez que descubrí a la poesía asomada por mi ventana

La primera vez que sentí que las palabras atravesaron mi espalda, se colocaron justo detrás de la nuca y recorrieron todo mi cuerpo hasta llegar a mis talones, fue cuando tenía la edad de once años y mi mente era una incógnita (escrita con mayúsculas), incluso para mí.

Lo que sentía y me atravesaba era un emoción incontenible, en ocasiones lloraba por las noches cuando mis padres dormían, porque no sabía dónde ni cómo poner todo aquello que sentía. Mi boca y las palmas de mis manos estaban llenas de emociones pero ya no había espacio para una más. Y sin buscarlo, me senté a escribir.

Cada vez que llegaba del colegio, buscaba con desespero y alegría, la libreta que guardaba en esa mesa de dormir y me pasaba horas escribiendo para mí. Eso me hacía sentir contenta. Al fin tenía un lugar en el que cabía todo eso. Las letras me llenaban. Podía vaciar toda mi tristeza o toda mi alegría, o todo junto. Y comencé a escribir cartas y poemas. Y me descubrí en ese mar infinito de sensaciones frágiles y rotas. Y tuve miedo de descubrirme, de sentirme desnuda frente a mí, de que todos se dieran cuenta. Tuve miedo de sentir lo que sentía. Y abandoné la escritura: lo que me hacía sentir viva por las noches.

Dieciocho años después, viajaría a Europa por primera vez y la vida se frenó descarada ante mis ojos obligándome a buscar la escritura, en el mismo cajón donde la había dejado olvidada pero esta vez, sería para aferrarme a ella y no soltarla aunque el miedo se filtrara hasta mis huesos. Y entonces, descubrí a la poesía con sus inmensas líneas asomada por la ventana de ese autobús; la poesía de los paisajes, de sus formas, de sus colores, de sus expresiones. Y no pude detenerme, no quise hacerlo.

La poesía me ha sanado de diferentes formas, en ella encuentro las palabras que necesito para reír o llorar, para abrazarme o soltarme, para amar desde cualquier lugar, en cualquier puerta o en cualquier rincón. No me he sentido con más serenidad desde que escribo. Me doy cuenta de que la vida se trata de llenarte los huecos con aquello que amas y que te prende fuego por dentro. Escribiré hasta que pueda, hasta cansarme, hasta que se termine esta sed que tengo de vaciarme todo esto que siento.

Escribiendo sobre el amor

Escribiendo sobre el amor

Muchos han escrito sobre el amor y puedo decir que, en muchas ocasiones, me he sentido identificada con lo que he leído.
Sin embargo, pienso que del amor jamás será suficiente todo aquello que se lea, todo aquello que se escriba, porque describir un mundo inimaginable de cosas bonitas no es algo que pueda abarcarse en una hoja de papel o que pueda tan solo explicarse así sin más. Pienso que el amor simplemente debe sentirse y sentirse intensamente.
Quizás lo que yo escriba sobre el amor sea algo que ya hayas leído antes pero lo cierto es que no hay ninguna verdad absoluta, ni pretendo descubrirla; simplemente me he atrevido a escribir desde mi interior, desde lo que yo siento por ti, desde lo que tú me haces sentir a partir de aquel día de octubre que existe en mi mente, en el momento justo en que me miraste y sonreíste. Y estabas preciosa para mí.
Indudablemente el amor y como ya lo he escrito antes, llega de un portazo.
En ese momento comprendes el por qué has vivido lo que has vivido, el por qué has conocido a las personas que has conocido; porque todo eso que se esconde detrás, te ha llevado hasta dónde te encuentras en ese momento.
Y lo piensas en segundos.
Y crees estar listo pero lo cierto es que no lo estás.
Intentas esconder los miedos y rebuscar los abrazos que aún no has dado. Porque sabes que los vas a necesitar.
Porque sabes que estás a punto de VIVIR.
¿De qué manera lo sabes? No lo sé, simplemente lo sabes.
Sucede como algo mágico que se mueve en forma de espiral y pasa por tu cabeza, por tu estómago, por tus piernas para después terminar en tu boca.
Es una energía inexplicable que te recorre por todo el cuerpo.
Y te sientes indefenso pues no puedes detenerlo.
Porque aunque no lo sepas, nada a partir de ese momento podrás detener.
No importa cuánto esfuerzo pongas en hacerlo, volverá una y otra vez.
Una y otra vez.
Regresará a ti cuantas veces sea necesario.
Pues esa persona está hecha completamente para ti.
Ya no hay marcha atrás.
Es ella.
Debes estar muy atento pues no tendrás muchas oportunidades para darte cuenta.
Y no debes dejar pasarlo.
El amor se vive solo una vez.
El amor es eso que pasa cuando menos lo esperas.
Conforme el tiempo avanza, te das cuenta de que el amor te enseña a mirar con otros ojos los defectos de esa persona y sus cualidades también.
Empiezas a descubrir su alma y a apreciar sus formas más bellas.
El amor va más allá de los besos, incluso más allá del sexo.
El amor es eso que nunca has sentido con nadie más, es eso que te mueve fibras de una manera arrebatadora, que a pesar de los años, no desaparece sino al contrario, se va haciendo cada vez más fuerte.
El tiempo que has pasado con esa persona se vuelve nada comparado con todos los momentos que has respirado a su lado.
El tiempo se convierte en algo subjetivo.
Descubres que admirar a una persona va más allá de sus logros, tiene que ver más con sus convicciones y sus pasiones.
Porque en ese camino existen un millón de cosas que pueden no gustarte pero existe algo que no te deja.
Por lo cual no puedes detenerte.
En este punto de tu vida.
Te obliga a seguir casi instintivamente, sin dar lugar a la razón.
Te dejas llevar y aunque a veces quisieras salir corriendo.
Regresas al momento donde todo empezó y sonríes dejando caer una lágrima sobre tu rostro.
Y entonces comprendes todo.
O más bien, empiezas a comprender todo.
Empiezas a comprender que existen infinitas formas de amar pero la forma que me ha tocado elegir en esta vida es delirante: TÚ.
Tú me llenas completamente.
Eres mi sed y mi hambre.
Eres la tierra fértil que cae de mi puño cuando ha parado de llover.
Eres todas esas cosas que están hechas con amor, que se han esculpido de manera casi perfecta.
Porque sí, el amor es imperfección.
Cuando descubrí tus peores demonios y decidí quedarme a tu lado para llorarlos, para estremecerme contigo y que ambas los acariciáramos y los olvidáramos.
Ese día, terminé de comprender todo lo que había dejado atrás.
Porque eso dejó marcas casi instantáneas, que han permitido observar al amor desde los más oscuros rincones.
Porque aunque el amor parezca un arcoíris, no lo es.
Está hecho de un millón de formas abstractas e incomprensibles y por otro lado, está hecho de un color a la vez que solo tú puedes mirar a través de ella.
De su alma.
De su ser.
De su espíritu.
De su materia.
El amor es la sinergia perfecta entre dos almas que están destinadas a hacer suyos los miedos del otro, a estrecharse en los buenos momentos y comprender la complejidad del mundo que gira a su alrededor.
El amor se trata de lo que son cuando nadie los observa.
El amor se nota.
No se dice ni tampoco se escribe pero es la única forma que he encontrado para explicarte amor, lo que mi alma percibe cuando mi piel roza uno solo de tus cabellos.
Cuando encuentras el amor verdadero, no debes intentar comprenderlo. Porque nunca lo harás.
El amor si se puede tocar, si me lo preguntas.
Pero comprenderlo es absurdo.
No pierdas tiempo en comprender lo que puedes sentir ahora mismo.
Si ha existido en tu vida un amor que te encuentra en tus sueños, que te grita desde el otro lado para que regreses y no estás haciendo nada para tenerlo.
Corre a buscarlo porque si no lo has sentido con nadie más, entonces ahí esta la respuesta de todo lo que estos años has estado preguntándote.
El amor te corre por las venas.
Y pensar que más allá de la vida, nuestras almas seguirán unidas.
El amor resulta ser demasiado metafórico pero detrás de estas palabras, si lees bien, pueden darte muchas respuestas.
Esto que he plasmado, solo es una diminuta parte que explica mi sentir hacia tu amor.
Porque escribir sobre el amor me hace pensarte, me hace recordar la sonrisa que me retorna a la vida por las mañanas, hace que mi mundo sea mucho más bonito que antes y que de no ser por ti, ni siquiera hablaría del amor.
Agradezco desmedidamente vivir este amor, de haberme arriesgado sin prisa a tus brazos, de no haberte negado ni las miradas ni las sonrisas aún cuando el miedo me perseguía en las noches y el insomnio y mis libros me acompañaban incondicionalmente, me alegro hoy de haber tomado la decisión de no soltar tu mano aún en los peores momentos de nuestras vidas, cuando nuestras almas aparentaban desgastarse sin sentido ante esa cobardía que teníamos de vivir.
Me alegro de haberme enfrentado al dolor de la indecisión, de haber derramado cientos de lágrimas por pensar que amar a una mujer era incorrecto, me alegro de todo lo que sufrí y viví antes de ti porque eso me ha llevado a encontrarte.
Sin quererlo.
Sin esperarlo.
Sin pensarlo.
Me alegro infinitamente de cada detalle que ha pasado por mi vida porque este amor lo vale, porque tú lo vales.
Inmensamente.
Porque aún queda mucho por descubrir juntas, porque hoy agradezco que me hayas elegido a mí para sostenerte de mis hombros, para seguir por este sendero de amor inagotable. Porque tú eres la razón por la que escribo.
Te amo sin medida y con unas ganas terribles de tenerte para toda la vida.
Para siempre.
Porque siempre es mucho tiempo, amor.