La ventana ya no está abierta

Hoy siento que voy regando

pedazos de mí,

no te encuentro

por ningún lado,

mi regazo empolvado,

no veo la luz

ni en las grietas,

tengo sed

quiero beberte

para curarme,

cada día sin ti

sabe a derrota,

de mis lágrimas

brota la sangre

que me ahoga,

no soporto esta oscuridad.

Y despierto añorando

que esto sea un sueño

pero mi pecho se oprime

ante el vacío de ti,

de todo lo que dejaste.

Tu ausencia duele

como ese agujero infinito

que soñábamos cuando éramos niños.

No,

no estás

la vida no para

y yo me estoy asfixiando

en este mar

que no deja de mirarte.

Corporalidad

Cuerpo a cuerpo,
pupila a pupila,
es un baile entre dos
convertido en un velero
a distancia,
las sábanas sobran,
te conmueves,
te elevas,
te penetra los poros
y esparces una luz
con habitación propia,
una luz
que te hace desear
más
más
más,
te destruye,
te desmorona,
te quema,
eres libre,
la saliva
se multiplica,
los cuerpos
acorralados
queriendo
deshacer y rehacer
todo,
como si el tiempo
se estuviese
agotando.

Amas con los codos,
con la sienes,
con los talones,
escapas de tu fuerza,
con ganas
de que
los límites
dejasen de existir.

Esperanza

Pronto las ventanas se abrirán de par en par. Las puertas no estarán cerradas más. Los niños saldrán a jugar. Volveremos a reír con nuestros amigos. Yo te amaré por las noches. El mar hará lo suyo y lo dejaremos renacer. Andaremos y saciaremos nuestras ganas de vivir el presente, como hace mucho no lo hacíamos. Daremos abrazos más largos. Y los besos, serán distintos. Donaremos libros. Los hospitales volverán a la normalidad. Nuestras calles, también. Dormir no volverá a sentirse ni a pronunciarse de la misma manera. Esta vez, haremos mejor las cosas. Pensaremos mejor, actuaremos mejor. El viento ha soplado muy fuerte pero estaremos bien.

13 de abril de 2020

Ahora mismo,

estoy odiando la vida,

te necesito

desesperedamente,

inexorablemente.

El aire descompuesto

se mete en mi piel

y enferma todo.

Lo que veo

está en blanco y negro,

esas historias de la televisión

no existen

porque no puedo contártelas,

la radio suena

pero no la escucho,

abrir los ojos

se ha convertido

en un acto autocompasivo.

Estoy seca,

insípida,

putrefacta,

en estado sólido,

soy el malestar

que produce

la sed,

me consumo

junto al tiempo

que paso sin ti.

Dime

cómo se siente la muerte.

Montmartre sin ti

Es cinco de noviembre de 2017. Camino asombrada por las calles del Barrio de Montmartre, son ya la cinco de la tarde y nos hemos sentado a beber vino tinto en un lugar del que todavía no recuerdo su nombre. En mi cabeza, te veía a lo lejos y me sonreías. Desapareciste. Caminamos mucho tiempo, observo a la gente en las tiendas, le café des deux moulins, el recorrido fue tan largo que el frío terminaba por irse a otro lugar, el funiculaire, el perro negro en busca de quien sabe qué pero parecía perseguir por alguna razón a esa muchacha alta y despreocupada. Alguien me pregunta algo y yo asiento con la cabeza. Me detengo a saludar a la pintora que me grita desde lejos y me tomo una fotografía con ella. No la olvido. Más vino, oui s’il vous plait, nos lo bebemos como agua. La tarde era mía. Y tuya también, aunque estuvieras lejos. Parece que estoy teniendo alucinaciones, cualquiera querría haber tenido esas alucinaciones. Volviste y no sé a dónde habías ido. Estaba confundida. Ven, siéntate. Esta vez te acercas a mi mejilla y siento un beso que me hace volar entre la música. ¿Eres tú?. Enfrente, el puré de papá, tres platos diferentes, migajas de todo, olor a mantequilla, dos pares de cubiertos, merci, unas cuantas perfectas rebanadas de queso, un vaso de agua y el pan más exquisito de toda mi vida. Ojalá estuvieras aquí, pensaba. La música nos acompañaba. Yo podía escucharte aunque una multitud de voces interfiriera entre nosotras con demasiado recelo. La música del lugar cada vez era más estruendosa o quizás el vino ya había hecho estragos en mí. Reí hasta el cielo. Moría de ganas por pasearme contigo en la Place du Tertre y platicarte historias de algún pintor perdido, llevarte a algún café que disminuyera la locura provocada por el alcohol, o leerte poesía hasta que bostezaras, sentarnos y disfrutar en silencio des artistes qui lisent, peignent et fument. He perdido la noción del tiempo. Y del espacio. Disfrutaba como una loca, como una loca consciente, como nunca antes lo había hecho. Ese día no importaba a dónde me llevara el autobús, ni al día siguiente. Me sentía viva. Otra vez tú. ¿Por qué desapareces? me preguntaba. Algún día regresaré a contarte esta historia y tú vendrás conmigo, me repetía o te lo he dicho ya.