Te extraño y no sé cómo decírtelo.

Te extraño
y no sé cómo decírtelo.

Estoy amputada,
la otra mitad
que recubre
el resto
de mi cuerpo
está adormecida,
melancólica,
seca.

Cruzo
el laberinto
enmohecido
de mi mente,
mientras juego
a ser agua salada
bajo tu lengua,
se me acaban
los argumentos.

Te extraño
y no sé cómo decírtelo.

Tu recuerdo
me golpea,
estoy extinta
agrietada,
perforada,
se comprimen
mis órganos
en cada respiro.

Lo pienso,
Lo siento
y me lamento,
tengo rocas muy pesadas
clavadas en todo mi cuerpo
y me marchito
los segundos
que no estás.

Lloro en silencio,
estoy gritando
que vuelvas,
y dejar libre
al tiempo
para ser libres
nosotras,
rózame
sin vacilaciones,
hasta hacerte una
en mí,
espárcete
como arena
y calma
este dolor,
estoy áspera.

Te extraño
y no pretendo convencerte
de ello,
si pudieras mirarme
ya lo sabrías.

Corporalidad

Cuerpo a cuerpo,
pupila a pupila,
es un baile entre dos
convertido en un velero
a distancia,
las sábanas sobran,
te conmueves,
te elevas,
te penetra los poros
y esparces una luz
con habitación propia,
una luz
que te hace desear
más
más
más,
te destruye,
te desmorona,
te quema,
eres libre,
la saliva
se multiplica,
los cuerpos
acorralados
queriendo
deshacer y rehacer
todo,
como si el tiempo
se estuviese
agotando.

Amas con los codos,
con la sienes,
con los talones,
escapas de tu fuerza,
con ganas
de que
los límites
dejasen de existir.

La mitad que soy

Estoy hecha

de la mitad

de lo que tú eres,

te busco

en todas partes

y te encuentro

en todas ellas,

de la reminiscencia

que deja

la risa

entre dos,

del lenguaje creado

por esas miradas

sin filtro,

tú con todas mis fuerzas,

tú con todas mis ganas,

la cura de un sentimiento,

la contemplación de una emoción,

la palabra aún no escrita,

te quiero

cuando estás lejos,

eres el cielo

que se asoma

a través de mis pupilas;

te siento

y me desordenas.

La distancia

nos coloca

más cerca,

nuestras miradas

volverán a brillar

y te contaré

secretos

mientras dormimos.

El último día que te vi

El tiempo asomado
en la ventanilla del avión,
la música escapando
en mi rostro
somnoliento,
las palabras incomprendidas,
los edificios grisáceos,
el olor a pan,
las cafeterías
que recorrían
el cuerpo entero
de mis libros,
los montes,
los túneles,
la lluvia,
la nostalgia,
tú llorando
en algún parque,
yo cumpliendo sueños,
las paredes blancas
con letras,
personas leyendo,
el reloj,
los sabores
recorriéndome la boca
urgidos,
un recuerdo tuyo,
los cuadros,
las esculturas,
los jardines,
tú sentada
mirando a la gente caminar,
el frío rozándome
los párpados,
el vagón,
la espera,
mis manos postradas
en la cerveza
de aquel bar,
tú susurrándome al oído
a nueve mil kilómetros
de ahí,
también tocabas
mi entrepierna
mientras yo sonreía,
el río,
las iglesias,
los museos,
no tengo tus labios,
la tarde
de vino tinto,
ese barrio,
las calles
conversando con el arte
de aquellos pintores,
yo te abrazaba.

El ruido,
el tráfico,
la distancia,
trece de noviembre,
te beso
por enésima vez
para siempre.