El último día que te vi

El tiempo asomado
en la ventanilla del avión,
la música escapando
en mi rostro
somnoliento,
las palabras incomprendidas,
los edificios grisáceos,
el olor a pan,
las cafeterías
que recorrían
el cuerpo entero
de mis libros,
los montes,
los túneles,
la lluvia,
la nostalgia,
tú llorando
en algún parque,
yo cumpliendo sueños,
las paredes blancas
con letras,
personas leyendo,
el reloj,
los sabores
recorriéndome la boca
urgidos,
un recuerdo tuyo,
los cuadros,
las esculturas,
los jardines,
tú sentada
mirando a la gente caminar,
el frío rozándome
los párpados,
el vagón,
la espera,
mis manos postradas
en la cerveza
de aquel bar,
tú susurrándome al oído
a nueve mil kilómetros
de ahí,
también tocabas
mi entrepierna
mientras yo sonreía,
el río,
las iglesias,
los museos,
no tengo tus labios,
la tarde
de vino tinto,
ese barrio,
las calles
conversando con el arte
de aquellos pintores,
yo te abrazaba.

El ruido,
el tráfico,
la distancia,
trece de noviembre,
te beso
por enésima vez
para siempre.

La avenida principal

La ausencia

recorre los despiadados caminos

de la tristeza,

se enmaraña en las sábanas

que producen el maldito desvelo

de no tenerte,

es verdad que caminamos solos

pero cuando camino a un lado tuyo

me encuentro

y nos tengo,

eres todas las flores

que no se pueden evitar mirar

justo detrás de la avenida principal,

y estallas en mil colores

cuando estoy en ti.

La ausencia

es una forma de odiar el tiempo,

de querer callarlo

a medida que avanza.

Amor,

me estoy cansando

de tener que soportar

otro día más

en el que no estás.

Pronto llegará el autobús

que me hará

dejar de pensar

en el hueco tan profundo

que tengo a un lado mío

todos los días.

Y ya no lo soporto.

La arena es de azúcar

Los sueños comienzan

cuando vencemos los miedos,

te desprendes de tu propia piel

para volar

desde lo alto del mar;

esta necesidad de poner en letras

lo que siento,

y la irreverente nostalgia

de haber renunciado

a lo que aún tengo

en un cajón lleno

bajo el brazo,

los instantes 

son figuras que bailotean

en la mente

por décadas;

la belleza está en todas partes,

lo digo desde donde ahora me encuentro

y hoy me siento libre,

después de mucho tiempo.

Todo el tiempo hablamos de ella

La muerte nos alcanza

todos los días

escondida

bajo el césped recién sembrado,

después de la página 56 de algún libro,

atrás de un semáforo en alto,

o en alguna carretera a kilómetros del ahora;

se esconde

y lo hace despiadadamente

ante nuestros ojos,

todos estamos más cerca o más lejos

de ese lugar

que algún día habremos de tocar.

Nadie lo sabe,

ni los escritores,

que hablan de ella

todo el tiempo.