Daños colaterales

Daños colaterales

Los agujeros de la mente

esparcen sus cenizas

como manchas imborrables

de ira,

de rencor,

de vacíos que difícilmente se llenarán,

de sentimientos corrosivos

que no solo queman la piel

sino que la desaparecen

y duermen en paz

junto a la conciencia

que dicen tener tranquila,

el desapego del acto

es un cáncer

en el cuerpo

incurable y doloroso,

que gotea constantemente

ante nosotros,

y estamos aún sentados

esperando pasar.

Almas perdidas

que tienen sed

y siguen sin buscar agua,

que tienen hambre

y siguen sin buscar alimento.

Almas perdidas

ausentes,

caminando sin una dirección.

Almas perdidas

que entran sin permiso,

que encuentran a la alevosía

como aliada

de la venganza;

rasca por debajo de tus sábanas

y busca el amor propio,

porque dañando a otros

solo nos dañamos a nosotros mismos.

Seguimos asustados

Seguimos asustados

La vida nos asusta,

porque evitamos

lo que es diferente;

la vida nos asusta

porque no nos arriesgamos;

la vida nos asusta

porque la muerte

nos pesa más

que el presente;

la vida nos asusta

porque creemos merecer

más que los demás;

la vida nos asusta

porque destruimos

el lugar que habitamos;

la vida nos asusta,

nos seguirá asustando

hasta que asumamos

que no estamos aquí

para sufrir,

venimos a ver de frente

el túnel de lo efímero.

La vida

no nos asusta,

lo que nos asusta es vivir

y tememos sentirnos amados.

De aquella vez que descubrí a la poesía asomada por mi ventana

De aquella vez que descubrí a la poesía asomada por mi ventana

La primera vez que sentí que las palabras atravesaron mi espalda, se colocaron justo detrás de la nuca y recorrieron todo mi cuerpo hasta llegar a mis talones, fue cuando tenía la edad de once años y mi mente era una incógnita (escrita con mayúsculas), incluso para mí.

Lo que sentía y me atravesaba era un emoción incontenible, en ocasiones lloraba por las noches cuando mis padres dormían, porque no sabía dónde ni cómo poner todo aquello que sentía. Mi boca y las palmas de mis manos estaban llenas de emociones pero ya no había espacio para una más. Y sin buscarlo, me senté a escribir.

Cada vez que llegaba del colegio, buscaba con desespero y alegría, la libreta que guardaba en esa mesa de dormir y me pasaba horas escribiendo para mí. Eso me hacía sentir contenta. Al fin tenía un lugar en el que cabía todo eso. Las letras me llenaban. Podía vaciar toda mi tristeza o toda mi alegría, o todo junto. Y comencé a escribir cartas y poemas. Y me descubrí en ese mar infinito de sensaciones frágiles y rotas. Y tuve miedo de descubrirme, de sentirme desnuda frente a mí, de que todos se dieran cuenta. Tuve miedo de sentir lo que sentía. Y abandoné la escritura: lo que me hacía sentir viva por las noches.

Dieciocho años después, viajaría a Europa por primera vez y la vida se frenó descarada ante mis ojos obligándome a buscar la escritura, en el mismo cajón donde la había dejado olvidada pero esta vez, sería para aferrarme a ella y no soltarla aunque el miedo se filtrara hasta mis huesos. Y entonces, descubrí a la poesía con sus inmensas líneas asomada por la ventana de ese autobús; la poesía de los paisajes, de sus formas, de sus colores, de sus expresiones. Y no pude detenerme, no quise hacerlo.

La poesía me ha sanado de diferentes formas, en ella encuentro las palabras que necesito para reír o llorar, para abrazarme o soltarme, para amar desde cualquier lugar, en cualquier puerta o en cualquier rincón. No me he sentido con más serenidad desde que escribo. Me doy cuenta de que la vida se trata de llenarte los huecos con aquello que amas y que te prende fuego por dentro. Escribiré hasta que pueda, hasta cansarme, hasta que se termine esta sed que tengo de vaciarme todo esto que siento.

Los días de verano

Los días de verano

Escribir lo que sientes

y sentirte desnudo en segundos,

lo que te despierta por las noches,

respirar y sentir el aire fresco que sale de tus pulmones,

las gotas de la lluvia derritiéndose por las orillas de nuestros zapatos,

mirarse frente al espejo y no llorar,

la luz del farol que entra en la habitación

por las madrugadas,

el cabello alborotado sobre la almohada,

el césped mojado,

el sonido de la licuadora

a las siete cuarenta y tres de la mañana,

tus besos recordándome

que es hora de ir a trabajar,

se hizo tarde,

la comida del refrigerador,

las risas y el sonido del autobús

que va deprisa,

camino lento,

escribir y pensar en ti,

escribir y pensar en,

escribir y pensar,

escribir y,

escribir.

La química del amor

La química del amor

Quiero hacer unas reflexiones con respecto a las infinitas expresiones que tiene el amor sobre nuestro cuerpo. Conversaré específicamente sobre una de ellas porque considero que es la representación más profunda que puede existir entre dos personas. Eso de lo que hablo lo han llamado: química. Yo misma lo identifico así. Antes de profundizar en nuestra conversación, quiero señalar que como todo en este mundo, no existe ninguna verdad absoluta con respecto a ello, sin embargo reflexionaré desde mi experiencia personal.

Considero que la “química” entre dos personas es en definitiva, mucho más sensitiva que racional. La “química” es eso que te conecta a ella a cientos de kilómetros y es muy posible que aparezca, a distancias muy cortas sin importar el espacio, el tiempo o las circunstancias.
Cuando la química emerge, no existen límites entre esas dos personas, porque cuando entran en ese espacio donde sus mentes y sus almas se conectan, todo es invisible ante sus ojos. Excepto ellos.

Todo ello puede darse a través de una mirada, de un roce, de un silencio, de una sonrisa o de una expresión. O todo junto. Y va más allá de lo físico. La “química” es el estado puro del amor. Es lo que te hace sentir a salvo. Lo que simplemente te hace sentir.

En ocasiones, no es necesario tocar a la persona para sentirla recorrerte cada centímetro de piel. Puede ser como ya lo decía, a través de su mirada. La “química” es algo cautivante y arrebatador. Te sacude enérgicamente cuando menos lo esperas. Nada de lo que has vivido hasta ese momento en que la descubres, te hará tocar tantas veces el cielo.

A partir de este momento, tu conexión con esa persona creará una intimidad inagotable. La “química” hará que ningún día sea idéntico al de hoy y por eso siempre he pensado, que es la “química”, la que te mantiene profundamente cercana a esa persona con el paso de los años. Porque cuando hay “química”, el tiempo no existe. Volverás a elegirla una y otra vez incansablemente. Por todo aquello que te hace sentir estando cerca o estando lejos. Porque descubrirás que con esa persona estás completo. Ya nada es igual ahora.

Es como si toda tu vida hubieras mirado en blanco y negro y de repente empezaras a mirar cada detalle. Solo la química produce la sensación de estar sintiendo esa conexión con una persona a la vez. Como nunca en tu vida. Pura, inmensa, infinita, interminable, intensa y así de inevitable.
Cada día vives conectado a esa persona instintivamente. Tu cuerpo y tu mente dejan de estar en un plano terrenal. Pienso que solo una vez sucede esto. Desconozco si la palabra adecuada sea “destino” pero lo que sí es un hecho es que sucederá y tú sabrás que jamás habías sentido algo similar con alguien más. Sabrás que es esa persona. Nadie te lo dirá. La magia se creará apenas crucen un par de palabras o no. Nunca la dejes ir. Pocas sensaciones en la vida tan profundas como ésta y merece que lo respires de la mano con tu otro “yo”.

La “química” es eso que tiene nombre y apellido. Y justo en este momento, de manera inconsciente tu cabeza piensa en esa persona mientras estás leyendo esto. Tu mente no hace más que pronunciar su nombre. Una y otra vez. Y no puedes detenerlo.

Y no podrás hacerlo en toda tu vida. Qué forma tan arrebatadora de pararse frente a ti. Sientes como tus labios serán insuficientes en más de una ocasión. Pero de cualquier forma lo intentas. Y descubres que es posible estar vivo y sentir todo aquello. Muchas personas se preguntan cómo es que lo sé. Pero en realidad es que nunca lo sabes, solo lo sientes y entonces le pones nombre.
Esa conexión llega sin pensarlo. Tus manos sudan, tus emociones laten a milésimas de segundo. Ese mismo nombre que te recorre la piel ahora mismo. Y por primera vez en tu vida, subes al cielo sin estar ahí. Tus sentidos se agudizan. Sus sexos se reconocen y tus pupilas se lo dicen. Pero esa persona ya lo sabía desde antes que tus pupilas lo supieran. Cuando te encuentras ante ella, la energía de tu cuerpo se convierte en una sola. Y tú la sientes. Y ella te siente. Al unísono. Tu cuerpo se desintegra en mil pedazos por segundo y descubres que es la sensación más intensa que has tenido hasta ahora. Existe una conexión tan íntima entre tú y esa persona. Apenas tocan sus lenguas y sucede.

Como dije al inicio, es una sensación más que un sentimiento. El sentimiento se encuentra a sí mismo cuando se abraza con el amor. Y llega a ser sumamente profundo y bello. De hecho, la química es tan fuerte que cuando existe y se combina con el amor, crean una magia perenne. Y es perfecto. Sus cuerpos se sintonizan.

La “química” desafiante, arrebatadora e intensa significa apenas el comienzo de algo tan profundo e infinito. Un lazo que no se rompe con nada. Debes saber que se va a quedar en tu vida por mucho tiempo. No pierdas un solo segundo en sentirlo. Respira. Observa. Abre bien los ojos. Siente tus latidos. Mantén tu mirada aquí y ahora. Y reflexiona. Tus manos sudan. Ella te siente ahora mismo.