La complejidad del amor

La complejidad del amor

El amor a veces suele ser tan complejo. El verdadero amor no existe hasta que llega esa persona. Como un huracán. Como la pieza que faltaba para que tu rompecabezas estuviera completo. Como la canción que hace tiempo resonaba en tu cabeza y por un momento, la recordarás por completo. Como la ansiedad bordada en tu piel que desaparece lentamente. Como un todo y como un nada a la vez. Te quedas mudo, incluso paralizado. Llega desafiando tus límites, rompiendo todos tus esquemas. Intenso. Apasionado. Como nadie, como nunca. Descubres que jamás te habías sentido tan sensato, tan transparente, tan noble como hasta ahora. Todos tus miedos quedan al descubierto. Estás desnudo. Tienes fe. Sabes lo que se siente pero no sabes cómo se llama. Jamás en tu puta vida te has detenido a pensar en esto que sientes. Pero ahí está. Estás irreconocible. Tu sangre corre por tus venas sin control. Hierves. Cuatro letras. El amor te sorprende por completo. Y estoy completamente segura de que solo hay una persona que puede hacerte sentir todo esto al mismo tiempo. En diferentes lugares. Con diferentes personas. Solo esa persona tiene la capacidad de desintegrarte en un segundo con solo mirarla. Y desintegrarte, en serio.
El amor es eso que sientes por primera vez con esa persona aún cuando han pasado miles por tu boca. El amor es eso que sientes cuando te descubres vulnerable ante tus miedos y sintiéndote capaz de controlar hasta el impulso más feroz. El amor es abrazar sus miedos y sus cabellos. El amor es mirarte al espejo cada día y sentirte afortunado de tenerla. El amor es elegirla todos los días, no por costumbre si no por convicción propia. El amor es eso que me haces sentir cada vez que miramos las estrellas y nada, absolutamente nada existe.