Aunque no sea domingo

Te unes a mi cintura

como si fuese a irme

a algún otro lugar,

y ese lugar eres tú

pero no lo sabes.

Los dedos de tus pies

murmuran en los míos,

y en la cama

todo es como un baile

donde encuentro todo

lo que mis ojos

no alcanzan a ver

en ningún otro sitio.

Cualquier día de la semana

parece un domingo

en tu sonrisa,

pero ningún domingo

sabe igual que hoy

o que hace veintisiete días.

Eres mi casa.

Eres mis ganas de dormir.

Eres la canción que aún no descubro.

Eres las yemas de mis dedos

escribiendo poesía.

Eres los días que río.

Eres los días de lluvia.

Eres las flores.

Eres los días que existo

y los días que muero un poco,

Eres,

siempre eres,

aunque no sea domingo.

No

No,

la cama tampoco

ya no es la misma

sin tus caricias

sobre la almohada

antes de dormir.

No,

la almohada tampoco

ya no es la misma

sin tu cabeza hundida

atestada de sueños

que recorremos juntas

cada noche.

No,

la cocina tampoco

ya no es la misna

sin tus manos

que dedican

tiempo

para amarme

en el desayuno.

No,

esta casa tampoco

ya no es la misma

sin ti,

necesito tus rincones

cuanto antes,

porque no,

yo tampoco

ya no soy la misma

si me falta tu boca

para respirar

esta vida.

Los días de verano

Escribir lo que sientes

y sentirte desnudo en segundos,

lo que te despierta por las noches,

respirar y sentir el aire fresco que sale de tus pulmones,

las gotas de la lluvia derritiéndose por las orillas de nuestros zapatos,

mirarse frente al espejo y no llorar,

la luz del farol que entra en la habitación

por las madrugadas,

el cabello alborotado sobre la almohada,

el césped mojado,

el sonido de la licuadora

a las siete cuarenta y tres de la mañana,

tus besos recordándome

que es hora de ir a trabajar,

se hizo tarde,

la comida del refrigerador,

las risas y el sonido del autobús

que va deprisa,

camino lento,

escribir y pensar en ti,

escribir y pensar en,

escribir y pensar,

escribir y,

escribir.