La arena es de azúcar

La arena es de azúcar

Los sueños comienzan

cuando vencemos los miedos,

te desprendes de tu propia piel

para volar

desde lo alto del mar;

esta necesidad de poner en letras

lo que siento,

y la irreverente nostalgia

de haber renunciado

a lo que aún tengo

en un cajón lleno

bajo el brazo,

los instantes 

son figuras que bailotean

en la mente

por décadas;

la belleza está en todas partes,

lo digo desde donde ahora me encuentro

y hoy me siento libre,

después de mucho tiempo.

Todo el tiempo hablamos de ella

Todo el tiempo hablamos de ella

La muerte nos alcanza

todos los días

escondida

bajo el césped recién sembrado,

después de la página 56 de algún libro,

atrás de un semáforo en alto,

o en alguna carretera a kilómetros del ahora;

se esconde

y lo hace despiadadamente

ante nuestros ojos,

todos estamos más cerca o más lejos

de ese lugar

que algún día habremos de tocar.

Nadie lo sabe,

ni los escritores,

que hablan de ella

todo el tiempo.

Polvo somos

Polvo somos

Los años en tus ojos no pasan,

seducen y consiguen atrapar

los instantes 

que andamos, 

sin prisa, 

como dos siluetas 

que permanecen fijas

y se dejan escuchar

entre los árboles. 

El olor de la lluvia 

que se aproxima, 

y mis alas abiertas 

reconociéndote,

en cada abrir y cerrar

de mis párpados 

desnudos, 

sobre ti.

Dos cuerpos

que a lo lejos se desvanecen,

que a lo lejos,

que a lo lejos,

que a lo lejos

se convierten en polvo

y se esparcen con el viento

que los arrastra

hasta el mar.

Daños colaterales

Daños colaterales

Los agujeros de la mente

esparcen sus cenizas

como manchas imborrables

de ira,

de rencor,

de vacíos que difícilmente se llenarán,

de sentimientos corrosivos

que no solo queman la piel

sino que la desaparecen

y duermen en paz

junto a la conciencia

que dicen tener tranquila,

el desapego del acto

es un cáncer

en el cuerpo

incurable y doloroso,

que gotea constantemente

ante nosotros,

y estamos aún sentados

esperando pasar.

Almas perdidas

que tienen sed

y siguen sin buscar agua,

que tienen hambre

y siguen sin buscar alimento.

Almas perdidas

ausentes,

caminando sin una dirección.

Almas perdidas

que entran sin permiso,

que encuentran a la alevosía

como aliada

de la venganza;

rasca por debajo de tus sábanas

y busca el amor propio,

porque dañando a otros

solo nos dañamos a nosotros mismos.