Esperanza

Pronto las ventanas se abrirán de par en par. Las puertas no estarán cerradas más. Los niños saldrán a jugar. Volveremos a reír con nuestros amigos. Yo te amaré por las noches. El mar hará lo suyo y lo dejaremos renacer. Andaremos y saciaremos nuestras ganas de vivir el presente, como hace mucho no lo hacíamos. Daremos abrazos más largos. Y los besos, serán distintos. Donaremos libros. Los hospitales volverán a la normalidad. Nuestras calles, también. Dormir no volverá a sentirse ni a pronunciarse de la misma manera. Esta vez, haremos mejor las cosas. Pensaremos mejor, actuaremos mejor. El viento ha soplado muy fuerte pero estaremos bien.

Mañana quizás no


Nunca es suficiente tiempo,

el tiempo solo es un reflejo

de quien lo mira,

hoy puedes soplarle al cielo

mañana quizás no,

nadie lo sabe,

vivimos como si nos quedaran

ochocientas veintitrés mil

milésimas de segundos.

Mañana quizás

no tengamos tanta suerte.

El reloj nos marca el tiempo

que tenemos

para vivir

o para morir.

Mañana quizás

el otoño

quiera dejar de iluminar

los huecos que dejamos

en la acera.

De aquella vez que descubrí a la poesía asomada por mi ventana


La primera vez que sentí que las palabras atravesaron mi espalda, se colocaron justo detrás de la nuca y recorrieron todo mi cuerpo hasta llegar a mis talones, fue cuando tenía la edad de once años y mi mente era una incógnita (escrita con mayúsculas), incluso para mí.

Lo que sentía y me atravesaba era un emoción incontenible, en ocasiones lloraba por las noches cuando mis padres dormían, porque no sabía dónde ni cómo poner todo aquello que sentía. Mi boca y las palmas de mis manos estaban llenas de emociones pero ya no había espacio para una más. Y sin buscarlo, me senté a escribir.

Cada vez que llegaba del colegio, buscaba con desespero y alegría, la libreta que guardaba en esa mesa de dormir y me pasaba horas escribiendo para mí. Eso me hacía sentir contenta. Al fin tenía un lugar en el que cabía todo eso. Las letras me llenaban. Podía vaciar toda mi tristeza o toda mi alegría, o todo junto. Y comencé a escribir cartas y poemas. Y me descubrí en ese mar infinito de sensaciones frágiles y rotas. Y tuve miedo de descubrirme, de sentirme desnuda frente a mí, de que todos se dieran cuenta. Tuve miedo de sentir lo que sentía. Y abandoné la escritura: lo que me hacía sentir viva por las noches.

Dieciocho años después, viajaría a Europa por primera vez y la vida se frenó descarada ante mis ojos obligándome a buscar la escritura, en el mismo cajón donde la había dejado olvidada pero esta vez, sería para aferrarme a ella y no soltarla aunque el miedo se filtrara hasta mis huesos. Y entonces, descubrí a la poesía con sus inmensas líneas asomada por la ventana de ese autobús; la poesía de los paisajes, de sus formas, de sus colores, de sus expresiones. Y no pude detenerme, no quise hacerlo.

La poesía me ha sanado de diferentes formas, en ella encuentro las palabras que necesito para reír o llorar, para abrazarme o soltarme, para amar desde cualquier lugar, en cualquier puerta o en cualquier rincón. No me he sentido con más serenidad desde que escribo. Me doy cuenta de que la vida se trata de llenarte los huecos con aquello que amas y que te prende fuego por dentro. Escribiré hasta que pueda, hasta cansarme, hasta que se termine esta sed que tengo de vaciarme todo esto que siento.

La química del amor

Quiero hacer unas reflexiones con respecto a las infinitas expresiones que tiene el amor sobre nuestro cuerpo. Conversaré específicamente sobre una de ellas porque considero que es la representación más profunda que puede existir entre dos personas. Eso de lo que hablo lo han llamado: química. Yo misma lo identifico así. Antes de profundizar en nuestra conversación, quiero señalar que como todo en este mundo, no existe ninguna verdad absoluta con respecto a ello, sin embargo reflexionaré desde mi experiencia personal.

Considero que la “química” entre dos personas es en definitiva, mucho más sensitiva que racional. La “química” es eso que te conecta a ella a cientos de kilómetros y es muy posible que aparezca, a distancias muy cortas sin importar el espacio, el tiempo o las circunstancias.
Cuando la química emerge, no existen límites entre esas dos personas, porque cuando entran en ese espacio donde sus mentes y sus almas se conectan, todo es invisible ante sus ojos. Excepto ellos.

Todo ello puede darse a través de una mirada, de un roce, de un silencio, de una sonrisa o de una expresión. O todo junto. Y va más allá de lo físico. La “química” es el estado puro del amor. Es lo que te hace sentir a salvo. Lo que simplemente te hace sentir.

En ocasiones, no es necesario tocar a la persona para sentirla recorrerte cada centímetro de piel. Puede ser como ya lo decía, a través de su mirada. La “química” es algo cautivante y arrebatador. Te sacude enérgicamente cuando menos lo esperas. Nada de lo que has vivido hasta ese momento en que la descubres, te hará tocar tantas veces el cielo.

A partir de este momento, tu conexión con esa persona creará una intimidad inagotable. La “química” hará que ningún día sea idéntico al de hoy y por eso siempre he pensado, que es la “química”, la que te mantiene profundamente cercana a esa persona con el paso de los años. Porque cuando hay “química”, el tiempo no existe. Volverás a elegirla una y otra vez incansablemente. Por todo aquello que te hace sentir estando cerca o estando lejos. Porque descubrirás que con esa persona estás completo. Ya nada es igual ahora.

Es como si toda tu vida hubieras mirado en blanco y negro y de repente empezaras a mirar cada detalle. Solo la química produce la sensación de estar sintiendo esa conexión con una persona a la vez. Como nunca en tu vida. Pura, inmensa, infinita, interminable, intensa y así de inevitable.
Cada día vives conectado a esa persona instintivamente. Tu cuerpo y tu mente dejan de estar en un plano terrenal. Pienso que solo una vez sucede esto. Desconozco si la palabra adecuada sea “destino” pero lo que sí es un hecho es que sucederá y tú sabrás que jamás habías sentido algo similar con alguien más. Sabrás que es esa persona. Nadie te lo dirá. La magia se creará apenas crucen un par de palabras o no. Nunca la dejes ir. Pocas sensaciones en la vida tan profundas como ésta y merece que lo respires de la mano con tu otro “yo”.

La “química” es eso que tiene nombre y apellido. Y justo en este momento, de manera inconsciente tu cabeza piensa en esa persona mientras estás leyendo esto. Tu mente no hace más que pronunciar su nombre. Una y otra vez. Y no puedes detenerlo.

Y no podrás hacerlo en toda tu vida. Qué forma tan arrebatadora de pararse frente a ti. Sientes como tus labios serán insuficientes en más de una ocasión. Pero de cualquier forma lo intentas. Y descubres que es posible estar vivo y sentir todo aquello. Muchas personas se preguntan cómo es que lo sé. Pero en realidad es que nunca lo sabes, solo lo sientes y entonces le pones nombre.
Esa conexión llega sin pensarlo. Tus manos sudan, tus emociones laten a milésimas de segundo. Ese mismo nombre que te recorre la piel ahora mismo. Y por primera vez en tu vida, subes al cielo sin estar ahí. Tus sentidos se agudizan. Sus sexos se reconocen y tus pupilas se lo dicen. Pero esa persona ya lo sabía desde antes que tus pupilas lo supieran. Cuando te encuentras ante ella, la energía de tu cuerpo se convierte en una sola. Y tú la sientes. Y ella te siente. Al unísono. Tu cuerpo se desintegra en mil pedazos por segundo y descubres que es la sensación más intensa que has tenido hasta ahora. Existe una conexión tan íntima entre tú y esa persona. Apenas tocan sus lenguas y sucede.

Como dije al inicio, es una sensación más que un sentimiento. El sentimiento se encuentra a sí mismo cuando se abraza con el amor. Y llega a ser sumamente profundo y bello. De hecho, la química es tan fuerte que cuando existe y se combina con el amor, crean una magia perenne. Y es perfecto. Sus cuerpos se sintonizan.

La “química” desafiante, arrebatadora e intensa significa apenas el comienzo de algo tan profundo e infinito. Un lazo que no se rompe con nada. Debes saber que se va a quedar en tu vida por mucho tiempo. No pierdas un solo segundo en sentirlo. Respira. Observa. Abre bien los ojos. Siente tus latidos. Mantén tu mirada aquí y ahora. Y reflexiona. Tus manos sudan. Ella te siente ahora mismo.

Lo que pienso sobre el amor


Muchos han escrito sobre el amor y puedo decir que, en muchas ocasiones, me he sentido identificada con lo que he leído.
Sin embargo, pienso que del amor jamás será suficiente todo aquello que se lea, todo aquello que se escriba, porque describir un mundo inimaginable de cosas bonitas no es algo que pueda abarcarse en una hoja de papel o que pueda tan solo explicarse así sin más. Pienso que el amor simplemente debe sentirse y sentirse intensamente.
Quizás lo que yo escriba sobre el amor sea algo que ya hayas leído antes pero lo cierto es que no hay ninguna verdad absoluta, ni pretendo descubrirla; simplemente me he atrevido a escribir desde mi interior, desde lo que yo siento por ti, desde lo que tú me haces sentir a partir de aquel día de octubre que existe en mi mente, en el momento justo en que me miraste y sonreíste. Y estabas preciosa para mí.
Indudablemente el amor y como ya lo he escrito antes, llega de un portazo.
En ese momento comprendes el por qué has vivido lo que has vivido, el por qué has conocido a las personas que has conocido; porque todo eso que se esconde detrás, te ha llevado hasta dónde te encuentras en ese momento.
Y lo piensas en segundos.
Y crees estar listo pero lo cierto es que no lo estás.
Intentas esconder los miedos y rebuscar los abrazos que aún no has dado. Porque sabes que los vas a necesitar.
Porque sabes que estás a punto de VIVIR.
¿De qué manera lo sabes? No lo sé, simplemente lo sabes.
Sucede como algo mágico que se mueve en forma de espiral y pasa por tu cabeza, por tu estómago, por tus piernas para después terminar en tu boca.
Es una energía inexplicable que te recorre por todo el cuerpo.
Y te sientes indefenso pues no puedes detenerlo.
Porque aunque no lo sepas, nada a partir de ese momento podrás detener.
No importa cuánto esfuerzo pongas en hacerlo, volverá una y otra vez.
Una y otra vez.
Regresará a ti cuantas veces sea necesario.
Pues esa persona está hecha completamente para ti.
Ya no hay marcha atrás.
Es ella.
Debes estar muy atento pues no tendrás muchas oportunidades para darte cuenta.
Y no debes dejar pasarlo.
El amor se vive solo una vez.
El amor es eso que pasa cuando menos lo esperas.
Conforme el tiempo avanza, te das cuenta de que el amor te enseña a mirar con otros ojos los defectos de esa persona y sus cualidades también.
Empiezas a descubrir su alma y a apreciar sus formas más bellas.
El amor va más allá de los besos, incluso más allá del sexo.
El amor es eso que nunca has sentido con nadie más, es eso que te mueve fibras de una manera arrebatadora, que a pesar de los años, no desaparece sino al contrario, se va haciendo cada vez más fuerte.
El tiempo que has pasado con esa persona se vuelve nada comparado con todos los momentos que has respirado a su lado.
El tiempo se convierte en algo subjetivo.
Descubres que admirar a una persona va más allá de sus logros, tiene que ver más con sus convicciones y sus pasiones.
Porque en ese camino existen un millón de cosas que pueden no gustarte pero existe algo que no te deja.
Por lo cual no puedes detenerte.
En este punto de tu vida.
Te obliga a seguir casi instintivamente, sin dar lugar a la razón.
Te dejas llevar y aunque a veces quisieras salir corriendo.
Regresas al momento donde todo empezó y sonríes dejando caer una lágrima sobre tu rostro.
Y entonces comprendes todo.
O más bien, empiezas a comprender todo.
Empiezas a comprender que existen infinitas formas de amar pero la forma que me ha tocado elegir en esta vida es delirante: TÚ.
Tú me llenas completamente.
Eres mi sed y mi hambre.
Eres la tierra fértil que cae de mi puño cuando ha parado de llover.
Eres todas esas cosas que están hechas con amor, que se han esculpido de manera casi perfecta.
Porque sí, el amor es imperfección.
Cuando descubrí tus peores demonios y decidí quedarme a tu lado para llorarlos, para estremecerme contigo y que ambas los acariciáramos y los olvidáramos.
Ese día, terminé de comprender todo lo que había dejado atrás.
Porque eso dejó marcas casi instantáneas, que han permitido observar al amor desde los más oscuros rincones.
Porque aunque el amor parezca un arcoíris, no lo es.
Está hecho de un millón de formas abstractas e incomprensibles y por otro lado, está hecho de un color a la vez que solo tú puedes mirar a través de ella.
De su alma.
De su ser.
De su espíritu.
De su materia.
El amor es la sinergia perfecta entre dos almas que están destinadas a hacer suyos los miedos del otro, a estrecharse en los buenos momentos y comprender la complejidad del mundo que gira a su alrededor.
El amor se trata de lo que son cuando nadie los observa.
El amor se nota.
No se dice ni tampoco se escribe pero es la única forma que he encontrado para explicarte amor, lo que mi alma percibe cuando mi piel roza uno solo de tus cabellos.
Cuando encuentras el amor verdadero, no debes intentar comprenderlo. Porque nunca lo harás.
El amor si se puede tocar, si me lo preguntas.
Pero comprenderlo es absurdo.
No pierdas tiempo en comprender lo que puedes sentir ahora mismo.
Si ha existido en tu vida un amor que te encuentra en tus sueños, que te grita desde el otro lado para que regreses y no estás haciendo nada para tenerlo.
Corre a buscarlo porque si no lo has sentido con nadie más, entonces ahí esta la respuesta de todo lo que estos años has estado preguntándote.
El amor te corre por las venas.
Y pensar que más allá de la vida, nuestras almas seguirán unidas.
El amor resulta ser demasiado metafórico pero detrás de estas palabras, si lees bien, pueden darte muchas respuestas.
Esto que he plasmado, solo es una diminuta parte que explica mi sentir hacia tu amor.
Porque escribir sobre el amor me hace pensarte, me hace recordar la sonrisa que me retorna a la vida por las mañanas, hace que mi mundo sea mucho más bonito que antes y que de no ser por ti, ni siquiera hablaría del amor.
Agradezco desmedidamente vivir este amor, de haberme arriesgado sin prisa a tus brazos, de no haberte negado ni las miradas ni las sonrisas aún cuando el miedo me perseguía en las noches y el insomnio y mis libros me acompañaban incondicionalmente, me alegro hoy de haber tomado la decisión de no soltar tu mano aún en los peores momentos de nuestras vidas, cuando nuestras almas aparentaban desgastarse sin sentido ante esa cobardía que teníamos de vivir.
Me alegro de haberme enfrentado al dolor de la indecisión, de haber derramado cientos de lágrimas por pensar que amar a una mujer era incorrecto, me alegro de todo lo que sufrí y viví antes de ti porque eso me ha llevado a encontrarte.
Sin quererlo.
Sin esperarlo.
Sin pensarlo.
Me alegro infinitamente de cada detalle que ha pasado por mi vida porque este amor lo vale, porque tú lo vales.
Inmensamente.
Porque aún queda mucho por descubrir juntas, porque hoy agradezco que me hayas elegido a mí para sostenerte de mis hombros, para seguir por este sendero de amor inagotable. Porque tú eres la razón por la que escribo.
Te amo sin medida y con unas ganas terribles de tenerte para toda la vida.
Para siempre.
Porque siempre es mucho tiempo, amor.