Me preguntas por qué te quiero.

Porque siempre
estás segura
de lo que quieres.

Porque tomas mi olor
como un amuleto
antes de empezar
cualquier día.

Porque tu pasión
y el cielo
se parecen.

Porque proteges
mi fragilidad
cuando el llanto
parece ser
mi única salida.

Porque sabes
cuándo callar
y cuándo cuestionar todo.

Porque tu mirada
me da la tranquilidad
que no encuentro
en ningún otro lugar.
Me miras
como si yo fuera
un único lugar.

Porque te reencuentras
en las risas
que nos damos
y te dan ganas
de sentir
que somos capaces
de soportarlo
todo.
Y vuelves a sonreír.

Porque ayudas
sin que te lo pidan
y me enseñas tu mundo.

Porque estás bien
en los lugares
donde yo no estoy,
te llenas con tus
propios placeres
los conviertes en historias
que se vuelven libros
para mí.

Porque tienes sueños,
porque tienes ganas,
porque tienes verbos
que aún no descubro,
porque somos mejores
cuando estamos juntas,
porque
eres tú.

Luisa Sanz.

Mi lado izquierdo

Existen días como hoy
en que no solamente
me levanto despeinada,
sino que miro
todo al revés
y esos días,
te llevo a ti
dentro de esa
alborotada corriente
de mi escasa cordura
y tú desde antes
ya sabes
lo que me ata
y desata;
porque esos días
uno necesita
que lo comprendan
y basta un abrazo tuyo
para sentirme tranquila.

Hay algo dentro de ti
que brilla
cuando anochece
y en la habitación,
ya arrebatadas
por el silencio,
nuestras miradas
se encuentran
tan vivas
y tan llenas
de nosotras
que olvido
lo importante.

Tú me enseñas
que no importa
cuán enredado
esté mi cabello
si tus manos lo tocan,
ni que tan complicada
me levante
de vez en cuando,
si es contigo
porque también amas
ese lado izquierdo mío
que te disgusta algunas veces.

Cuando me sonríes
en un día malo,
siento que me llenas de flores
y de versos infinitos,
y hoy te digo,
no hay nada mejor
que poder compartir
esta vida a tu lado
porque eres la única
que me ha acariciado
con el alma.

Luisa Sanz.