Mañana quizás no

Nunca es suficiente tiempo,

el tiempo solo es un reflejo

de quien lo mira,

hoy puedes soplarle al cielo

mañana quizás no,

nadie lo sabe,

vivimos como si nos quedaran

ochocientas veintitrés mil

milésimas de segundos.

Mañana quizás

no tengamos tanta suerte.

El reloj nos marca el tiempo

que tenemos

para vivir

o para morir.

Mañana quizás

el otoño

quiera dejar de iluminar

los huecos que dejamos

en la acera.

Dolor volumen uno

El dolor punzante

de querer desaparecer,

mi cabeza sigue dando vueltas.

Estoy mareada, de tanto.

Una fotografía instantánea

retratando ese momento inevitable.

Vivimos distinto,

pero todos estamos unidos

por ese mismo dolor

que arde,

que gotea,

que es putrefacción,

que es insomnio,

que se clava,

que te retiene,

que apesta,

que es un grito desesperado

para ser libre.

Noche olor azufre

Hay un hueco en mí

que llora,

que se desvanece

cuando recuerda

el momento frágil

de aquella madrugada

en que el reloj

marcaba las 4:00 a.m.,

y el humo de su cigarro

se metía por mi boca,

era una noche

como no sería ninguna,

sus palabras

se encajaron en mí

como cien cuchillos

al mismo tiempo,

sus manos oraban

para que fuese

solo un mal sueño,

sin saber que era

la puta realidad;

quisiera apagarme

y dejar de sentir esto

como si hubiera sido

ayer.

No soporto

mirar esta cicatriz

y no sé cómo

soltarla.

Elisa y Marcela (1901)

Esa espalda llena de lunares

y sus dedos resbalando

intentando hacer números

donde sólo se podían crear constelaciones;

esas bocas que ya no sólo se contenían

si no que multiplicaban alrededor suyo,

la saliva provocada por el ansia

de lamerse,

como consecuencia del amor;

en aquella alcoba

se podía respirar mucho más

que un blanco y negro,

los vestidos se desprendían

de sus cuerpos

sin necesidad de nombrarse

a través de las palabras,

tan sólo había que alimentarse

del ávido consuelo

de sus labios tibios,

de sus labios fértiles.

Ellas,

como tú y como yo,

se complacían con el aire

que viajaba por sus rostros,

llenas de libertad

y una fe,

que podía sostenerse

aún con la fuerza del viento

en contra suya.

Una historia que se ha impregnado

en la manta de nuestros domingos

y en el café de las mañanas,

que nos ha invadido el delirio

y hemos terminado enredadas

bajo las sábanas blancas,

asediadas por flores y libros,

contemplando el silencio

y venerando al amor.